En este contexto de tensiones y transformaciones, se vuelve inevitable revisar el estado actual del sistema internacional.
Desde la llegada de Donald Trump a su segundo mandato como presidente de Estados Unidos, el mundo no ha parado de evidenciar movimientos diplomáticos y arbitrajes disruptivos dentro y fuera de la potencia americana. Apenas unos meses después de su regreso a la Casa Blanca, el mandatario republicano ha puesto en marcha una serie de decisiones que ya están reconfigurando el tablero geopolítico, económico y diplomático internacional.
En Oriente Medio, el conflicto se ha intensificado con el respaldo tácito y en algunos casos explícito de Washington a las operaciones militares de Israel en la región. Por su parte, la retórica belicista de la nueva administración ha alimentado una expansión del enfrentamiento, que amenaza con arrastrar a actores regionales y globales en una espiral de violencia. Mientras tanto, Trump, que prometió públicamente que podría lograr “la paz en Ucrania en 24 horas”, sigue sin presentar un plan concreto más allá de diálogos con Vladimir Putin que han dejado de lado a Ucrania en escenarios de negociación lo cual ha despertado fuertes críticas en Europa del Este.
Otro foco de preocupación internacional ha sido la sorpresiva amenaza lanzada hacia Canadá. Aunque sin acciones militares visibles, la tensión ha escalado a partir de declaraciones sobre comercio, migración y seguridad fronteriza, marcando un deterioro sin precedentes en la relación bilateral. De forma paralela, en América Latina, analistas han advertido sobre lo que describen como una “toma silenciosa del Canal de Panamá”, mediante la presión económica y la creciente influencia de actores privados y corporativos estadounidenses alineados con la agenda trumpista.
En materia económica, el regreso del enfoque proteccionista ha sido contundente. Trump ha reinstaurado y ampliado aranceles a productos de origen chino, europeo y latinoamericano, bajo la bandera de “proteger al trabajador estadounidense”. Esta política ha generado tensiones con la Organización Mundial del Comercio y ha desatado una cadena de represalias comerciales. El conflicto con China, además de arancelario, se ha endurecido en lo diplomático y tecnológico, reactivando la retórica de la “nueva Guerra Fría” entre ambas potencias.
En línea con su rechazo al multilateralismo, Trump ha ordenado el retiro de Estados Unidos de varias iniciativas de cooperación internacional, incluyendo misiones financiadas por la USAID y otros instrumentos de diplomacia blanda. En su lugar, la Casa Blanca ha enfatizado una visión de política exterior centrada en la seguridad nacional y los intereses económicos directos, reduciendo el margen para la cooperación en temas como derechos humanos, medio ambiente o fortalecimiento institucional en el Sur Global.
El ámbito educativo no se queda atrás; en las últimas semanas la nueva administración ha endurecido los requisitos para el ingreso de estudiantes internacionales, afectando a miles de jóvenes que buscaban formación en universidades estadounidenses. Las restricciones incluyen mayores controles migratorios, limitación de visas y un discurso oficial que señala a los estudiantes extranjeros como “amenazas potenciales”, lo que ha generado un clima de incertidumbre y rechazo.
Según algunos expertos, esta serie de medidas que combinan presión, repliegue selectivo y nacionalismo, buscan instaurar una nueva forma de ejercer poder internacional. Al respecto Sandra Borda, profesora asociada del Departamento de Ciencia Política de la Universidad Los Andes comentó:
“Parte de lo que hace esto es tratar de construir una nueva forma de ejercer poder, de convencer a los otros de que hagan lo que ellos quieren que hagan, pero no a través del multilateralismo, no a través de la negociación, sino a través de la mano dura y del chantaje (…) creo que el efecto final va a ser exactamente lo opuesto la influencia de Estados Unidos en el mundo y el hacer Estados Unidos más grande y más poderoso va a pasar exactamente lo contrario.”
En este contexto de tensiones y transformaciones, se vuelve inevitable revisar el estado actual del sistema internacional. El desgaste de las instituciones multilaterales, la crisis de legitimidad del liderazgo estadounidense y el ascenso de potencias alternativas como China, abren un nuevo escenario de disputa por las reglas del juego global:
“Aquí hay dos opciones. Una: empezamos a transitar hacia un sistema internacional con un orden multilateral totalmente distinto, que es lo que propone China (…) La otra opción es reformar el actual orden internacional para salvarlo, que es lo mismo que pasa con la democracia. Si la defensa de la democracia tiene que pasar por un reconocimiento porque ya no está entregando lo que solía entregar, entonces la capacidad que tenga Estados Unidos de liderar esa transformación, de poner a una buena parte del mundo a reflexionar sobre eso y a producir esa transformación, es en una muy buena parte, lo que nos va a dar la respuesta sobre el camino que van a seguir de aquí en adelante en materia internacional.” Afirmó Sandra Borda.
Bogotá, martes 1 de julio de 2025
Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales IEPRI
Redactó: Daniela Galvez – Oficina de comunicaciones
Revisó y aprobó: Carlos Alberto Patiño – coordinador del área de comunicaciones
IEPRI.