Las relaciones entre Colombia y Estados Unidos atraviesan nuevamente un momento delicado, luego de que el presidente Gustavo Petro sugiriera públicamente que sectores externos, incluyendo presuntamente al gobierno de Estados Unidos, podrían estar implicados en un intento de desestabilización institucional liderado por el excanciller Álvaro Leyva. Las declaraciones, realizadas el pasado 10 de julio durante un acto público en la Casa de Nariño, dieron pie a una escalada de respuestas de rechazo y una fuerte tensión diplomática que encendió de nuevo las alarmas entre ambos gobiernos, poniendo en entredicho el estado actual de la alianza bilateral.
Las relaciones entre Colombia y Estados Unidos atraviesan nuevamente un momento delicado, luego de que el presidente Gustavo Petro sugiriera públicamente que sectores externos, incluyendo presuntamente al gobierno de Estados Unidos, podrían estar implicados en un intento de desestabilización institucional liderado por el excanciller Álvaro Leyva. Las declaraciones, realizadas el pasado 10 de julio durante un acto público en la Casa de Nariño, dieron pie a una escalada de respuestas de rechazo y una fuerte tensión diplomática que encendió de nuevo las alarmas entre ambos gobiernos, poniendo en entredicho el estado actual de la alianza bilateral.
Sin ofrecer pruebas contundentes, mas allá de los audios reportados por el diario “El País”, donde el excanciller instaba a una posible alianza contra Petro, el mandatario colombiano insinuó la existencia de una “operación internacional de inteligencia” orientada a “romper el orden constitucional” en el país, lo que fue interpretado por medios estadounidenses y expertos en relaciones internacionales como una acusación directa a Washington. La embajada de EE.UU. en Bogotá emitió un comunicado rechazando de manera enfática cualquier participación o conocimiento de tales hechos, reiterando su respeto por las instituciones democráticas en Colombia.
Por su parte, Estados Unidos continúa siendo el principal socio comercial y político de Colombia, destacando su cooperación en seguridad, lucha contra el narcotráfico, desarrollo rural y políticas de migración. Esta alianza, sin embargo, ha enfrentado tensiones crecientes desde el inicio del gobierno Trump, quien se ha caracterizado por ser un mandatario con políticas radicales frente a varios temas que involucran las diferentes formas de gobierno en toda América Latina. Esta nueva crisis ha logrado hacer evidente varias fracturas profundas en la diplomacia bilateral.
Según la profesora Diana Rojas, del Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales (IEPRI), el deterioro en la comunicación no es un hecho aislado:
“En general, lo que notamos es que hay una desinstitucionalización, un debilitamiento de los canales diplomáticos, y no solo en estas relaciones bilaterales, en general en el mundo. Esto va muy de la mano de la manera como la administración Trump viene manejando su política exterior, caracterizada por el personalismo.”
El resurgimiento de Donald Trump como figura dominante del Partido Republicano, y su regreso a la presidencia, ha reconfigurado el tono de la política exterior estadounidense. El estilo confrontacional de Trump contrasta con el discurso progresista del gobierno Petro, lo que ha incrementado los roces retóricos y las suspicacias. La profesora Rojas advierte que estos choques no solo responden a posturas ideológicas extremas, sino también a nuevas formas de hacer diplomacia:
“Se trata de posiciones ideológicas que están en los extremos políticos; también hay una tendencia a una ‘diplomacia de redes’, en donde se hacen declaraciones instantáneas sin mucha reflexión sobre las implicaciones, un poco como en caliente y esto lleva a un escalamiento de la crisis”.
Este tipo de diplomacia se caracteriza por ser más impulsiva, mediática y personalista. Asimismo, busca favorecer el uso de canales informales como las redes sociales con pronunciamientos sin filtro y amenazas públicas, lo que erosiona los espacios tradicionales de la diplomacia estatal.
“Hay además un estilo confrontacional y de “chantaje” por parte de la administración Trump, en la que por la fuerza, quiere lograr que los países se sometan a sus directivas y a la defensa de los intereses estadounidenses”, añadió la profesora Rojas.
Cabe mencionar que la gravedad de este episodio no se limita al plano diplomático: Colombia depende en gran medida del comercio con Estados Unidos: en 2024, más del 25 % de sus exportaciones tuvieron como destino ese país. Además, buena parte de la cooperación en seguridad y asistencia humanitaria (incluida la atención a migrantes venezolanos) proviene de fondos estadounidenses. Así, algunos analistas temen que un deterioro sostenido en las relaciones siga afectando los programas de cooperación bilateral y las inversiones estratégicas ya limitadas, incluso se teme que la posición de Colombia en organismos multilaterales donde Estados Unidos tiene influencia decisiva se vea más reducida.
En este escenario, tanto EE.UU. como Colombia enfrentan el desafío de evitar que la coyuntura escale hacia una ruptura de largo aliento. Como advierten voces expertas, el diálogo institucional debe prevalecer sobre los impulsos ideológicos y las narrativas confrontacionales, si se quiere preservar una relación estratégica vital para la estabilidad nacional.
Bogotá, miércoles 15 de julio de 2025
Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales IEPRI
Redactó: Daniela Galvez – Oficina de comunicaciones
Revisó y aprobó: Carlos Alberto Patiño – coordinador del área de comunicaciones