Las dinámicas del conflicto han mutado hacia formas más fragmentadas, desestructuradas y criminalizadas, con un impacto directo en las áreas urbanas.
En Colombia, la violencia y la criminalidad que se viven en las ciudades siguen siendo fenómenos ampliamente subestimados tanto por la política pública como por el pensamiento académico. Durante décadas, el foco del análisis sobre el conflicto armado ha estado dirigido al mundo rural, dejando a la ciudad fuera del relato dominante. Como lo plantea el profesor Carlos Mario Perea, investigador del Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales (IEPRI) de la Universidad Nacional de Colombia, en el marco del programa “Punto Crítico” dirigido por el profesor Carlos Patiño:
“la ciudad no existe en el relato de la violencia. Y la gran paradoja es que frente a este silencio en que la ciudad permanece, la ciudad coloca el 70% de los homicidios de este país. Es lo que hemos llamado la paradoja urbana”.
Esta paradoja no solo revela una omisión conceptual, sino también una brecha en la construcción de políticas efectivas de seguridad y paz. Las ciudades concentran hoy la mayor parte de los homicidios, pero también otros tipos de violencias: delitos patrimoniales, violencia intrafamiliar, violencia sexual y lesiones personales, entre otras:-
“Se producen unas violencias extraordinarias (…) Hay una conflictividad enorme en la ciudad y, sin embargo, la ciudad permanece en el silencio frente al relato de la violencia y la construcción de la paz recluida y arrinconada en un concepto de seguridad estrecho que ha hecho que cada ciudad tenga que resolver los problemas por sí misma, con sus propios recursos, por sus propias valías”.
Por su parte, el escenario urbano en Colombia es cada vez más complejo. Tras el proceso de paz de 2016, el país ha entrado en lo que Perea identifica como “un nuevo ciclo violento”. Las dinámicas del conflicto han mutado hacia formas más fragmentadas, desestructuradas y criminalizadas, con un impacto directo en las áreas urbanas. Este nuevo panorama ha intensificado la violencia en urbes como Bogotá, Medellín y Cali, donde se presentan fenómenos diferenciados, pero igualmente preocupantes: en Medellín, se ha consolidado una forma de dominación territorial plena por parte de estructuras armadas ilegales que regulan no solo el crimen, sino también la vida cotidiana de las comunidades. En contraste, Cali experimenta una dominación fragmentada, donde múltiples actores disputan el control territorial en una lógica de inestabilidad permanente. Ambas ciudades ejemplifican los efectos de un proceso de urbanización acelerada sin un correlato en términos de control democrático del territorio.
Frente a este escenario, el profesor Perea advierte sobre una tendencia persistente en el pensamiento político y académico a interpretar las ciudades desde una lógica exclusivamente rural del conflicto armado.
“Hay que pensar nuestras ciudades en su especificidad otra vez, porque lo hemos llamado “el imaginario del conflicto armado”, que supone que todo sea visto a través de la lente del conflicto armado, pero resulta que éste se remite es a conflictos agrarios nunca resueltos, entonces eso deja sueltas una gran cantidad de ataduras (…) La ciudad no tiene entonces reconocimiento jurídico y eso ha impedido una cantidad de procesos en el país.”
Esta reducción conceptual ha invisibilizado las múltiples violencias urbanas y ha impedido el diseño de estrategias adecuadas para enfrentarlas. Del mismo modo, la llamada “paz total”, impulsada por el actual gobierno colombiano, ha abierto un debate nacional sobre las posibilidades y los límites de la negociación con actores armados. No obstante, Perea plantea una advertencia crucial: si no se reconsidera el papel de las ciudades en la construcción de paz, esta estrategia corre el riesgo de convertirse en un incentivo perverso que consolide poderes criminales en las zonas urbanas.
“La apuesta es pensar que la ciudad es un lugar en donde hay que reconstruir la reflexión sobre la paz en Colombia, porque no podemos seguir pensando en la paz en términos de negociación con estructuras armadas. (…) No se puede pensar la paz urbana, llamando a las mafias para negociar con ellas. Eso en muchos casos tiene que ser una mediación, por supuesto, pero tenemos que pensar la paz en un contexto totalmente distinto”.
Frente al incremento de la violencia urbana, la fragmentación de los actores armados y la ausencia de una política pública integral, se vuelve urgente repensar la ciudad no solo como escenario de conflicto, sino como centro político, simbólico y estratégico en la construcción de un nuevo proyecto de país.
Bogotá, miércoles 30 de julio de 2025
Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales IEPRI
Redactó: Daniela Galvez – Oficina de comunicaciones
Revisó y aprobó: Carlos Alberto Patiño – coordinador del área de comunicaciones
IEPRI.