Colombia se aproxima a las elecciones presidenciales de 2026 en medio de un panorama político marcado por la fragmentación, la incertidumbre y la violencia.
Los recientes hechos, como el asesinato de Miguel Uribe Turbay, los atentados del Valle del Cauca, Cauca, Antioquia y Bogotá, han encendido las alarmas sobre la solidez del proceso electoral y las garantías democráticas en el país. Según el Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz (Indepaz) Uribe Turbay se convirtió en el dirigente político número 97 asesinado en lo corrido del 2025, lo que revela una preocupante escalada de violencia contra líderes y candidatos.
Este hecho ha suscitado múltiples reacciones entre partidos políticos, movimientos sociales y organizaciones nacionales e internacionales que ponen en entredicho la capacidad del Estado Colombiano para garantizar la seguridad y la democracia. Mientras el año electoral se acerca, las tensiones y los hechos violentos en las zonas más vulnerables del territorio nacional, crecen de forma desmedida.
El profesor Yann Basset, politólogo y experto en análisis electoral, advierte sobre la gravedad del momento:
“Esta campaña empieza en un clima de tensión fuerte. Evidentemente desde el asesinato de Miguel Uribe, de entrada, se plantea un gran problema para la solidez del proceso y para para la posibilidad de llevarlo a cabo en buenas condiciones (…) cuando uno mira quizás desde una perspectiva un poco más distanciada, lo que se ve es la inmensa fragmentación del paisaje político, que no es compatible.”
Las encuestas recientes confirman esta percepción. Según los resultados expuestos por Invamer en marzo de 2025, ningún candidato ha logrado “despegar” con claridad. El mayor puntaje encabeza apenas con un 11%, seguido por un grupo variado de aspirantes, todos por debajo del 10%. Además, la misma encuesta señala que un alto porcentaje de votantes se mantiene indeciso, lo que refuerza la idea de que el escenario está abierto, pero también poco definido.
A esta incertidumbre se suma un problema adicional: la proliferación de precandidatos. Estudios de firmas como Guarumo/EcoAnalítica han identificado más de 75 aspirantes presidenciales, muchos de ellos sin reconocimiento nacional. Esta dispersión no solo dificulta la consolidación de proyectos políticos claros, sino también la realización de encuestas confiables. Como señala el profesor Basset:
“El asunto es grave: todo el mundo quiere ser candidato presidencial, no realmente para competir para la presidencia, sino simplemente para ponerse a sonar para otros cargos, sea en el Congreso, sea en las elecciones regionales. Eso socava la seriedad del proceso y lo dificulta porque ni siquiera podemos hacer encuestas serias (…) no hay forma de preguntar por tantos precandidatos”
El trasfondo político muestra, además, un electorado que busca cambio, pero no necesariamente continuidad. Una encuesta de Cifras y Conceptos realizada en noviembre 2024 reveló que el 38 % de los colombianos se inclina por un candidato alejado del gobierno actual. Sin embargo, la favorabilidad del presidente Gustavo Petro ha mostrado ligeros repuntes, lo que indica un pulso complejo entre tendencias de derecha, centro e izquierda.
En este contexto, el camino hacia 2026 se perfila incierto: por ahora, la única certeza parece ser un escenario electoral con alto nivel de fragmentación, riesgos de violencia política y un electorado que aún no consolida preferencias. Todo apunta a que las próximas elecciones no solo medirán la fuerza de los partidos y movimientos, sino también la capacidad del sistema democrático colombiano de resistir a la polarización y de garantizar seguridad para candidatos y votantes.
Bogotá, miércoles 17 de septiembre de 2025
Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales IEPRI
Redactó: Daniela Galvez – Oficina de comunicaciones
Revisó y aprobó: Carlos Alberto Patiño – coordinador del área de comunicaciones IEPRI.