Las recientes tensiones entre Estados Unidos y Venezuela representan un momento crítico que combina acusaciones de narcotráfico, amenazas militares, movimientos diplomáticos agresivos y dilemas de soberanía.
En los últimos días, las tensiones entre el Gobierno de Donald Trump en Estados Unidos y el de Nicolás Maduro en Venezuela se han intensificado considerablemente. Estados Unidos ha adoptado una estrategia más agresiva en su política regional de narcotráfico, incluyendo ataques militares a embarcaciones que presuntamente transportaban drogas, amenazas diplomáticas y maniobras de fuerza marítima y aérea. En paralelo, Venezuela ha respondido movilizando fuerzas militares, acelerando ejercicios de defensa en sus costas y fortaleciendo alianzas con potencias como Rusia, lo que ha generado preocupación internacional sobre el riesgo de escalamiento.
Dentro de las acciones más recientes, EEUU ha realizado al menos tres ataques sobre embarcaciones acusadas de narcotráfico vinculadas a Venezuela, en jurisdicción marítima internacional, donde al menos 11 personas habrían sido muertas. Del mismo modo, el presidente Trump ha desplegado unidades militares, incluyendo aviones de combate Stealth (F-35), barcos de guerra y submarinos en el Caribe sureño, como parte de operaciones marítimas bajo su política de “narcoterrorismo”.
En respuesta, el gobierno venezolano ha movilizado tropas y realizado maniobras militares en la isla de La Orchila, ha desplegado milicias civiles, mostrando que estaría dispuesto a responder ante lo que considera amenazas externas. Por su parte, Trump ha emitido advertencias sobre prisiones o personas que, según su administración, Venezuela habría enviado a Estados Unidos, y ha pedido que esos casos sean revertidos bajo la amenaza de consecuencias “incalculables”.
Este panorama da cuenta de un conflicto que no es solo bilateral: Colombia se está viendo directamente afectada, especialmente en lo que tiene que ver con seguridad fronteriza, narcotráfico transnacional, flujos migratorios y cooperación en materia antidrogas. En ese marco, la profesora Diana Marcela Rojas del IEPRI de la Universidad Nacional de Colombia señala:
“El hecho de que la administración Trump haya decidido adoptar acciones militares y atacar, envía el mensaje de que están decididos a seguir ejerciendo una presión muy fuerte frente al régimen de Maduro. La justificación central ha sido en torno a la lucha contra las drogas y a la acusación de este régimen y particularmente de Maduro y de altos funcionarios venezolanos de estar involucrados en el negocio del narcotráfico. (Llama la atención que esa justificación no sea principalmente, como en ocasiones anteriores, en torno al tema de la defensa de la democracia, del respeto a los resultados electorales o en defensa de los derechos humanos…) En respuesta, Maduro ha hecho una movilización de sus fuerzas militares y algunas maniobras en demostración de que también estaría dispuesto a defenderse en caso de un ataque más fuerte. Para Colombia es una coyuntura que la afecta directamente en términos de su seguridad, por el nivel de involucramiento que tenemos con los temas del narcotráfico.”
La docente también advierte sobre las consecuencias diplomáticas y de cooperación, teniendo en cuenta la pérdida de la certificación de los EEUU como socio confiable en la lucha antidrogas:
“Recientemente se recibió una desertificación en la lucha contra las drogas, algo que no sucedía hace casi 30 años y que podría tener consecuencias en términos de la ayuda antinarcóticos que recibe el país, así como en el relacionamiento diplomático. Por lo pronto esa certificación ha tenido una exención por razones de interés nacional, lo que significa que las sanciones a las que daría lugar, no se van a aplicar. Sin embargo, lo que sí refleja es que probablemente se intensifiquen las presiones frente a Colombia, para que dé mayores resultados en esta lucha contra las drogas.”
Para Colombia, esta coyuntura trae consigo riesgos reales en seguridad nacional, cooperación internacional y estabilidad en regiones fronterizas. El uso de militares o acciones ofensivas como bombardeos navales, si no son acompañadas de transparencia, respaldos legales claros y diálogos multilaterales, podría aumentar la inestabilidad en la región. En este sentido, el país deberá prestar atención tanto a la respuesta de Venezuela como al comportamiento de la administración Trump, especialmente en lo que respecta al cumplimiento del derecho internacional humanitario, respeto de fronteras y la protección de derechos humanos.
Bogotá, miércoles 24 de septiembre de 2025
Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales IEPRI
Redactó: Daniela Galvez – Oficina de comunicaciones
Revisó y aprobó: Carlos Alberto Patiño – coordinador del área de comunicaciones IEPRI.