Colombia es uno de los países donde más líderes y activistas sindicales han sido asesinados. Una de las motivaciones recurrentes de estos crímenes fue el señalamiento de las víctimas de ser integrantes o simpatizantes de organizaciones guerrilleras. Este libro presenta evidencia de otro tipo de fenómeno: la voluntad de directivos y ejecutivos de dos empresas multinacionales de establecer un nuevo orden en las relaciones laborales mediante la violencia en Colombia durante finales del siglo pasado y comienzos de este. Luego de un recuento y análisis exhaustivo de evidencia que compromete la responsabilidad de las empresas Chiquita Brands y Drummond Company, el autor procura dar cuenta de los factores que favorecieron la realización de esos asesinatos y la razón por la cual estos crímenes siguen impunes: la cultura corporativa de las mencionadas compañías, la cultura política colombiana, el particular funcionamiento de las instituciones y el tipo de inserción del Estado colombiano en la economía política internacional. Según el autor, estos casos ponen en cuestión el discurso de la responsabilidad social corporativa y los llamados Principios Rectores sobre las Empresas y los Derechos Humanos de Naciones Unidas, lo cual hace necesario una nueva regulación para prevenir que grandes compañías incurran de nuevo en graves actos de violencia.