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Inicio » Boletines de prensa » Guerra en Irán: La confirmación del cambio de orden mundial

Guerra en Irán: La confirmación del cambio de orden mundial

La guerra desde el principio tomó un carácter global, no regional, pues si bien los aliados de Irán no harán grandes despliegues militares, sí saben que en ese desafío estratégico-militar están riesgo sus intereses globales.

En la madrugada del sábado 28 de febrero, una fuerza militar internacional combinada que involucró aviones de combate y bombarderos de Israel y de Estados Unidos junto con unidades de la Armada de este último país, que conllevaron el desplazamiento hacia la región de Medio Oriente de los portaaviones Abraham Lincoln y USS Gerald R. Ford, junto a los destructores USS Frank E. Peterson Jr., el USS Spruance y el USS Michael Murphy, se lanzó un ataque con bombardeos de gran escala, contra Irán. Cuando el ataque estaba en las primeras horas de desarrollo, se publicó un video pregrabado del presidente Donald J. Trump afirmando que se iniciaba una acción militar contra el Estado iraní, para establecer un cambio de régimen.

A medida que avanzaron las primeras horas de los ataques, salieron a medios de comunicación las primeras informaciones de los resultados: se había eliminado al Ayatola Supremo, Ali Jamenei, y a gran parte de las cúpulas civil y militar del Gobierno, y lentamente las Fuerzas Militares iraníes, junto con la Guardia Revolucionaria, la fuerza paramilitar que respalda al régimen internamente, empezaron a responder a estos ataques disparando misiles balísticos y drones contra objetivos indiscriminados en Israel y contra las bases militares de Estados Unidos en la región.

Al tanto de las noticias de los ataques sobre Irán, el presidente Trump realizó un llamado a que el “pueblo iraní” se alzara contra el régimen en el momento adecuado. Pero para el día lunes la guerra ya parecía haberse enredado para los atacantes, y especialmente para Estados Unidos, toda vez que el régimen iraní, a pesar de la pérdida de la cúpula y la muerte del ayatola supremo por un ataque militar, sostenía su capacidad de contraataque, al ampliar el rango de respuesta hasta llegar a involucrar a más de catorce países, y llegar más allá de la región, como en el ataque a la base británica a Chipre y los misiles lanzados contra Turquía y Azerbaiyán.

El fracaso del cambio de régimen y la resiliencia institucional 

Para el gobierno de Trump la guerra desde el lunes 2 de marzo se convirtió en un problema serio, y tanto el Secretario de Estado como Pete Hegseth hicieron intervenciones en las que se indicaba que el objetivo de la guerra había cambiado y ahora aparecían dos objetivos, cada uno con sus contradicciones: de una parte, se dijo que se trataba de destruir completamente la capacidad nuclear de Irán, dejando la pregunta si la llamada  “Guerra de los 12 días”, en la que Estados Unidos llevó a cabo la “operación Martillo de Media Noche”, fue un fracaso que la administración no reconoció y ahora emprendía su remedio, o el objetivo  actual era falso. También se argumentó que era una campaña militar preventiva, pues Israel iba a llevar a cabo los ataques y se preveía que Irán atacara objetivos de Washington en la región, al igual que a sus aliados. Y finalmente se planteó que el objetivo de la guerra era la desmilitarización del régimen iraní.

El fracaso del objetivo de cambio del régimen fue notorio cuando el mismo lunes se dio a conocer que el régimen había nombrado un triunvirato de transición y que la Asamblea de Expertos se preparaba para hacer el nombramiento del nuevo ayatola supremo. En reacción a ello, Trump, apegándose al triunfo que había tenido en Venezuela, pidió ser partícipe en la selección del nuevo ayatola supremo, para intentar elegir a alguien con quien pudiera negociar los términos de una nueva relación con Estados Unidos.

Al mismo tiempo se vio que el llamado a la insurrección resultó infructífero por ahora, pues Irán empezó a dividirse entre los seguidores del régimen; los opositores al mismo, y los que buscan separarse del mismo como los kurdos, baluchis y otras minorías étnicas con capacidad armada de combatir al régimen.

El impacto en el mercado energético y el nuevo equilibrio global

Estados Unidos, a lo largo de la semana, ante un panorama cada vez más enredado, pero que sí ha beneficiado a los objetivos del gobierno de Netanyahu, empezó a decir que la campaña militar contra Irán puede durar varias semanas, incluso meses, pero que no tenía pensado llevar a cabo incursiones terrestres. Para ello, se empezó a impulsar a diferentes fuerzas armadas kurdas para que hicieran el trabajo de infantería al que Washington no podía comprometerse.

Pero la guerra desde el principio tomó un carácter global, no regional, pues si bien los aliados de Irán no harán grandes despliegues militares, sobre todo en el caso de Rusia, sí saben que en ese desafío estratégico-militar están riesgo sus intereses globales. Para China, se pone en riesgo el acceso a una de sus principales fuentes energéticas, la compra de petróleo, tanto a Irán como a las monarquías del Golfo Pérsico. Para Rusia, su presencia en Oriente Medio, pues Irán es su proyección, y para Corea del Norte es una proyección de un aliado clave en su programa nuclear y de intercambios tecnológicos y comerciales. En esta dirección, los ataques iraníes han logrado impactar territorio de la Unión Europea, al golpear a Chipre; a la OTAN, al intentar golpear a Turquía, pero el sábado 7 de marzo se reveló cómo Rusia ha dado información de inteligencia a Irán para que pueda atacar intereses de Estados Unidos en la región. En medio de todo ello, con el cierre del estrecho de Ormuz y el ataque a buques petroleros y a los dedicados al comercio de otras mercancías, se ha presentado un aumento notorio del petróleo en sus dos referencias básicas, Brent y WTI.

Al final queda claro que Estados Unidos lanzó una guerra buscando beneficios políticos internos, al tiempo que ha impulsado una ruptura definitiva del orden mundial, para entrar a impulsar la conformación de esferas de influencia competitivas, algo contrario a pensar que Trump busca el aislacionismo o la inacción estratégica y militar. El gran ganador de esta guerra, por ahora, es Netanyahu, no Israel, y el régimen iraní por ahora, sobrevive, empujado a una renovación generacional obligada. Pero un ganador menos visible del ataque al régimen de la revolución islámico-clerical es Arabia Saudita, su contrapeso y competidor religioso, cuya relación Beijing intentó solventar en 2023.

En la dimensión interna, en Irán no se ha registrado un alzamiento contrarrevolucionario, pero si se acerca más a un escenario de guerra religiosa y étnica, algo mucho más complejo que una guerra civil descrita a secas, y en ello está gran parte de los problemas de falta de unidad de la oposición, diezmada después de décadas de represión mortal, y la diversidad de los conflictos étnicos armados y los problemas de control territorial del Estado iraní. Es de anotar que, en este contexto, se ha dado el resurgimiento político de Reza Pahlevi, el príncipe heredero, y de los monarquistas, aunque el propio príncipe se ha presentado como pretendiente de una solución republicana.

Es necesario dejar una anotación de contexto mundial central: en el momento en que Estados Unidos e Israel lanzaron el ataque contra Irán, cuatro potencias nucleares se encontraban inmersas en tres guerras, y, cuando este texto se escribe, continúan en las mismas. Estas son: Rusia contra Ucrania, Pakistán contra Afganistán, y Estados Unidos e Israel contra Irán.

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