Al oficializarse la entrada de Colombia a la Nueva Ruta de la Seda, el gobierno nacional deberá comprometerse a revisar cuidadosamente las decisiones comerciales con China.
Desde el inicio de su periodo de gobierno, Gustavo Petro, actual presidente de Colombia, ha realizado acercamientos con China, buscando el fortalecimiento de las relaciones diplomáticas y comerciales entre los dos países. Su primera visita oficial a su homólogo asiático, Xi Jinping se realizó en octubre del 2023 y tuvo como objetivo discutir proyectos de infraestructura, como la construcción del metro de Bogotá.
En su reciente gira por Asia, Petro confirmó la posible adhesión de Colombia al Belt and Road initiative (BRI), más conocida como “la Iniciativa de la Franja y la Ruta”, que consiste en una red de cooperación económica que busca conectar al continente asiático con Europa, África y América Latina, de la misma manera como se realizaban las antiguas rutas de la seda. Se trata de un proyecto de desarrollo global que busca asociar 150 países de distintas latitudes, bajo el argumento de generar una transformación digital, mercantil, energética y de desarrollo sostenible para el planeta.
Si bien, el presidente Petro ha manifestado su intención de fortalecer la soberanía del país y las oportunidades de desarrollo profesional para las juventudes colombianas a partir de la diversificación de las relaciones comerciales de la nación, la firma del acuerdo para la adhesión a la ruta de la seda ha desatado críticas y alertas tempranas por la falta de planeación y discusión del acuerdo con sectores públicos y privados. Asimismo, se han suscitado múltiples opiniones al respecto, dejando en entredicho aspectos claves como las motivaciones reales para la firma del plan de cooperación entre ambas naciones, la capacidad de negociación de presidente Petro y el desorden que se ha evidenciado en el ministerio de relaciones exteriores de Colombia.
Sobre este tema, la profesora Diana Andrea Gómez, docente del Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales (IEPRI) y directora del Doctorado en Estudios Políticos en la Universidad Nacional de Colombia comentó:
“Respecto a las motivaciones estratégicas que llevaron al gobierno colombiano a unirse a la iniciativa de la Franja y la Ruta, habría que hablar primero de cómo ha sido el desarrollo de la política exterior del actual gobierno(…) ha habido tres ministros de relaciones exteriores, además salpicados por escándalos de corrupción por debates internos alrededor del gobierno, y eso evidencia una falta de estructuración de lo que debería ser la política exterior, ya que ha dado lugar a desorden, más que a proyectarnos desde una verdadera estrategia”.
Cabe resaltar que el acuerdo firmado es apenas el primer paso para oficializar el proceso de adhesión de Colombia al BRI. Sin embargo, no resulta vinculante toda vez que no compromete ningún acuerdo o cumplimiento para ninguno de los dos países.
A pesar de la controversia, el Ministerio de Relaciones Internacionales colombiano ha sostenido una postura favorable y esperanzadora frente a la posibilidad de sostener un lugar activo en la Ruta de la Seda, afirmando que la apertura comercial con China ya está dejando ver resultados positivos con productos agrícolas y acuerdos en áreas de innovación. Aun así, la zozobra frente al deterioro de la relación con Estados Unidos sigue aumentando: tras la imposición de aranceles y el retiro de las ayudas humanitarias por parte del que ha sido históricamente el principal socio comercial de Colombia, sumarse al BRI es interpretado como una provocación directa que acarreará fuertes sanciones para Colombia.
“China plantea una propuesta que es su gran proyecto globalizador, pero ¿qué tanto el gobierno colombiano tiene previsto todo un andamiaje y toda una serie de acciones tendientes a trabajar de manera conjunta con China, también en beneficio de Colombia?, o si por el contrario ¿estamos actuando apenas en reacción a un contexto exterior bastante complejo y turbulento? Cuestionó la profesora Diana Gómez.
Al oficializarse la entrada de Colombia a la nueva ruta de la seda, el gobierno nacional deberá comprometerse a revisar cuidadosamente las decisiones comerciales con China, dando claridades al respecto de las deudas que se van a asumir bajo una transparencia comercial, aprovechando la experiencia de otros países que ya se han incluido a este proyecto, aprendiendo a ejecutar los planes de forma efectiva y puntual y formando profesionales capaces de asumir los retos de negociación equilibrada que supone esta nueva relación con China. Del mismo modo, habrá que proponerle a la potencia asiática la posibilidad de dejar una capacidad intelectual y práctica instalada en el territorio colombiano.