Las tensiones previas se hicieron visibles tras las solicitudes del mandatario colombiano hacia Noboa sobre el caso de Jorge Glas.
El pasado 24 de mayo se llevó a cabo el evento de posesión del presidente de Ecuador, Daniel Noboa, quien asumió su segundo mandato, esta vez por un período completo de cuatro años. A la ceremonia asistieron dos jefes de Estado: Dina Boluarte, presidenta de Perú y Gustavo Petro de Colombia. A pesar de que en primera instancia la presencia de Petro fue significativa e interpretada como un gesto de apoyo al nuevo gobierno ecuatoriano, las tensiones previas se hicieron visibles tras la insistencia y solicitudes del mandatario colombiano hacia Noboa sobre el caso de Jorge Glas: En abril de 2024, el gobierno de Ecuador, encabezado por el presidente Daniel Noboa en su primer mandato, ordenó a la policía ingresar por la fuerza en la embajada de México para detener al exvicepresidente Jorge Glas, quien se encontraba allí en calidad de asilado político. Cabe mencionar que México ya le había concedido el asilo, pero aún no lo había sacado del país.
Glas por su parte, había sido una figura muy polémica, envuelta en múltiples casos de corrupción incluso vinculados a otros gobiernos latinoamericanos. En 2017, fue condenado a prisión por asociación ilícita y posteriormente enfrentó otras condenas por cohecho y peculado. Del mismo modo, se le acusó de cargos y una orden de arresto en 2024, lo que lo llevó a buscar asilo en la embajada de México, quien en su momento lo consideró víctima de persecución política y le concedió el asilo, decisión que no fue reconocida por Ecuador quien ordenó la captura de su exvicepresidente, lo que derivó en una polémica irrupción en la sede diplomática mexicana.
Por su parte, el presidente Petro junto con varios países y organismos internacionales, expresaron una fuerte condena a este hecho, argumentando que dicha acción atentaba contra el principio básico del derecho internacional de inviolabilidad de las sedes diplomáticas. Sobre este tema, Cesar Montúfar, político y profesor de la Universidad Andina afirmó:
“La presencia del presidente Petro en la transmisión presidencial ecuatoriana el pasado 24 de mayo fue una buena señal y una expresión de una voluntad de que los dos Estados acercaran sus relaciones diplomáticas afectadas a partir de las desavenencias entre ambos gobiernos, en primer lugar por la inclusión de la policía ecuatoriana en la embajada de México (…) luego por los comentarios del presidente Petro sobre las elecciones ecuatorianas en las que ganó Noboa (…) Lastimosamente las declaraciones que hizo Petro precisamente al salir del hemiciclo legislativo en el que se realizó la posesión de Noboa, han hecho que aparezcan ciertas reacciones de sectores de la opinión pública muy firmes, llegando a comentarse sobre una presunta injerencia del presidente colombiano en asuntos internos del Ecuador.”
Además de la situación ocurrida con la embajada de México, otras circunstancias han hecho aún más tensa la relación entre Noboa y Petro: en principio, el presidente de Colombia expresó públicamente su negativa a reconocer la transparencia de las elecciones presidenciales en Ecuador, llegando a solicitar copia de las actas electorales y la interventoría internacional para verificar la viabilidad de dichos comicios. Del mismo modo, ambos gobiernos han realizado públicamente críticas mutuas con calificaciones fuertes como “esnob izquierdista” y duros cuestionamientos sobre las capacidades internas para lograr resultados efectivos en los mandatos.
“(…) luego de estas declaraciones me parece que regresamos a la posición en la que estábamos antes de la venida de Petro a Ecuador (…) la pregunta es ¿para qué vino Petro si el asunto iba a terminar así? Es algo que finalmente no se entiende, y que lastimosamente no ha redundado ni va a causar un impacto positivo en lo que debería ser el mejoramiento de las relaciones de los dos países (…) en resumen, se perdió una oportunidad y un momento en el que Ecuador y Colombia podían acercarse diplomáticamente y sobre todo, se perdió la confianza entre los dos gobiernos y entre los dos presidentes”. Afirmó Cesar Montúfar.
Entre tanto, hay mucha incertidumbre sobre las discusiones que quedaron en vilo tras la actuación del mandatario colombiano en la posesión de Novoa. El panorama sigue estancado para abordar temas claves en común como la seguridad fronteriza, la lucha contra el narcotráfico y la cooperación energética.