El apoyo masivo que se ha generado al precandidato presidencial ha sido visible de manera ininterrumpida con acciones simbólicas de apoyo y fuerza.
Después del atentado de Miguel Uribe ocurrido el pasado 7 de junio, Bogotá y otras 20 ciudades ha dejado ver su apoyo y rechazo contra los hechos violentos que buscan poner en juego la democracia del país.
El pasado 15 de junio, más de 70.000 personas fueron congregadas en la ciudad de Bogotá en el evento denominado “Marcha del silencio”. La jornada consistió en una movilización pacífica con resonancia nacional e internacional, donde los ciudadanos (sin consignas partidistas ni orientación política enunciada) expresaban su rechazo al hecho violento y el apoyo a Miguel Uribe y su familia vistiendo prendas de color blanco. Cabe mencionar que el apoyo masivo que se ha generado al precandidato presidencial quien permanece con pronóstico de máxima gravedad tras el atentado, ha sido visible de manera ininterrumpida frente a la Fundación Santa Fé, en donde se han reunido decenas de personas diariamente con acciones simbólicas de apoyo y fuerza.
Sin embargo, algunos asistentes a la marcha del Silencio sí manifestaron que ésta no solo fue un gesto simbólico de solidaridad hacia Uribe, también fue un escenario que posibilitó la instrumentalización de un evento de violencia política convertida en plataforma de visibilidad implícita para algunos precandidatos presidentales. Del mismo modo, algunos sectores ciudadanos aprovecharon el espacio para anzar consignas contra el gobierno de Gustavo Petro y su manera de provocar polarización en el país.
Sobre el tema, Mauricio García Villegas, profesor de la Facultad de Derecho y Ciencia Política de la Universidad Nacional de Colombia e investigador asociado del Institute for Legal Studies de la Universidad de Wisconsin-Madison, comentó:
“La marcha del silencio tuvo esa naturaleza, es decir, protestar contra un hecho atroz. Y en ese caso, la importancia que yo veo es que esas marchas deberían convocar a todo el mundo y a todos los partidos políticos, porque son marchas que invocan la humanidad, que están por fuera del ámbito político, que están por fuera del debate político”.
Aunque el ataque a Uribe expone una escalada de violencia que pone en juego la democracia del país, deja algunos interrogantes que invitan a pensar los problemas estructurales asociados al hecho en cuestión: La presunta manipulación de un adolescente por redes criminales no es un hecho aislado, sino parte de un patrón que ha encontrado el entorno adecuado para el uso de menores en actos de violencia en el país.
Mientras el expresidente Uribe continúa en estado crítico, el país enfrenta un reto mayor: preservar la integridad de su democracia. La Fiscalía ha iniciado indagaciones que apuntan a una posible participación de miembros de la fuerza pública en el ataque, una acusación que pone en entredicho la solidez de las instituciones. Además, se ha solicitado cooperación con Estados Unidos para esclarecer la procedencia del arma utilizada. El desarrollo de estas pesquisas será clave no solo para identificar a los responsables, sino también para medir el alcance del compromiso de Colombia con la estabilidad política y la reconstrucción del vínculo entre Estado y ciudadanía.
“Yo creo que en Colombia hay que preservar un ámbito de lo no político, un ámbito en donde todos los partidos están de acuerdo. Yo lo llamaría un ámbito de lo humano; pensando en Antanas Mockus, diría que ese es un ámbito sagrado que todos deberíamos proteger”. Afirmó Mauricio García Villegas.
Bogotá, martes 24 de junio de 2025
Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales IEPRI
Redactó: Daniela Galvez – Oficina de comunicaciones
Revisó y aprobó: Carlos Alberto Patiño – coordinador del área de comunicaciones
IEPRI.